¡La salud no se vende, se defiende¡

A propósito de los riesgos psicosociales en el trabajo, la negociación salarial no debe mezclarse o negociarse con el cuidado de la salud. La prima por presentismo es un obstáculo de una visión conservadora de la salud.

Por: Julio Cesár Neffa Jue, 09/15/2016 - 14:19
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El miércoles 22 de Junio tuvo lugar una actividad original en la sede del Centro de Innovación de los Trabajadores (CITRA). Ante una sala llena de sindicalistas, docentes universitarios e investigadores, un equipo compuesto por economistas, sociólogos y psicólogos del trabajo, ergónomos y médicos del trabajo,  expusieron el Informe Final de una investigación sobre “los riesgos psicosociales en el trabajo” de los trabajadores de la Agencia Nacional de Seguridad Social Argentina, ANSES, que atendían al público.

La demanda fue originada por un sindicato pequeño por el número de afiliados, pero muy dinámico  e innovador: el SECASFPI, sindicato de ANSES. Sus salarios están muy por encima del mínimo vital y móvil, pero desde hace un tiempo sus dirigentes observaron la emergencia de los problemas tradicionales de salud que estudian los médicos del trabajo, y de otros que repercuten sobre las dimensiones psíquicas y mentales y que provocaban ausentismo por razones de salud y un gran malestar. Esos problemas habían sido naturalizados, invisibilizados, pues se atribuían a problemas individuales derivados de las características de la personalidad cuyo tratamiento se derivaba hacia los psicólogos y psiquiatras, dando lugar al consumo de medicamentos, muchas veces automedicados. La palabra con la que se puede nominar esa situación era el sufrimiento. Los investigadores se habían formado en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales, CEIL, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET, y desde muchos años estudiaban las condiciones y medio ambiente de trabajo (CyMAT), siguiendo las orientaciones de la OIT y de autores como Gollac, Dejours, o Wisner.
 

La metodología.

La investigación recurrió a varias metodologías, que se articularon fuertemente. Por una parte talleres de visualización en diversos lugares del país, en los que grupos de trabajadores tuvieron la oportunidad durante un día de expresar sus percepciones y vivencias originadas en el trabajo; o expresar mediante dibujos sus lugares de trabajo, la actividad que realizaban y como eso repercutía en su cuerpo. El sufrimiento y el dolor dejaba así de ser invisible, algo que parecía natural dado el trabajo que hacían y como conclusión redactaron recomendaciones para mejorar una situación tensionante, pues para muchos los beneficiarios eran considerados un factor de riesgo. El público demandante, era a veces agresivo, física y verbalmente, y los criticaban de viva voz cuando se levantaban de su puesto de trabajo para ir al baño o a tomar agua o café. Ellos tienen la vista fija y vigilante sobre los empleados que con frecuencia deben quedarse fuera de hora para atenderlos. Los empleados padecían en ciertos días y horas la intensidad del trabajo, la tensión que se origina por la presencia inquieta de personas necesitadas que hacen trámites por medio de los call centers; o acuden a las oficinas haciendo colas de varias horas a la intemperie y que luego deben esperar para ser atendidos en un ambiente incómodo, ruidoso, con problemas de ventilación y malos olores, que no fueron diseñados para atender un número tan elevado y creciente de beneficiarios, quienes a veces concurren acompañados de hijos y familiares.

Por otra parte, un ergónomo con estudios en ciencias sociales del trabajo hizo visitas a oficinas en diversos puntos del país para analizar e identificar los riesgos presentes en la infraestructura, los lugares de trabajo, los medios de trabajo y observando las causas de los trastornos musculo esqueléticos, dolores de cabeza, la afonía y la irritación de la vista. El trabajo de aquel concluyó con una serie de recomendaciones cuya ejecución no era costosa y sólo requería adoptar una política de prevención y cuidar su aplicación.

Un médico del trabajo intentó obtener, sin mucho éxito, información de los servicios correspondientes sobre la sintomatología más frecuente, pero tuvo que recurrir a la información estadística disponible en la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, SRT, sobre ese organismo, y detectó que muchas de las disposiciones de la SRT para asegurar la prevención no se habían llevado a cabo, como es frecuente en el sector público argentino. A pesar de ser una actividad de servicio y no industrial, también se producían accidentes de trabajo.

Una metodología cuantitativa, la encuesta sobre los riesgos psicosociales en el trabajo, y siguiendo la experiencia internacional, fue desarrollada especialmente para detectar y tratar de medir los problemas de condiciones de trabajo y de riesgos psicosociales de esos trabajadores. Fue administrada a casi 700 trabajadores seleccionados mediante una muestra estadística sin que fuera el sindicato ni la ANSES quien indicara a quienes encuestar.

Dos sociólogas del trabajo tuvieron a su cargo coordinar el trabajo de campo en todas las regiones del país, con el apoyo de jóvenes psicólogos, sociólogos, y relacionistas del trabajo formados en proyectos de investigación sobre el mismo tema en las universidades de La Plata Buenos Aires y Nordeste; lo que les permitió adquirir una valiosa experiencia profesional con la posibilidad de acercarse para conocer una realidad que estaba invisibilizada. El decanato de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP contribuyó autorizando que en su servidor se cargaran on line y se procesaron las encuestas utilizando un software libre.

 

Los resultados y la importancia de la investigación.

En reuniones de equipo se profundizó el marco teórico, se analizaron las observaciones recogidas gracias a cada una de esas metodologías, buscando descubrir una cierta sinergia para tener una visión de conjunto, teniendo como objetivo proponer medidas de prevención. De común acuerdo, los investigadores y un equipo del SECASFPI coincidieron en que la solución de las dolencias y de los sufrimientos que manifestaban los empleados de ANSES no había que buscarla mediante la obtención de una prima monetaria para compensar mediante el dinero el deterioro de la salud que experimentaban. “La salud no se vende, la salud se defiende”, era la frase más escuchada en las reuniones donde se criticaba además la prima por presentismo que aún está presente en la casi totalidad de los convenios colectivos de trabajo y estatutos profesionales, y es un obstáculo de una visión conservadora de la salud; aunque cumplía la misión de desalentar la huelgas. Muchos trabajadores de ANSES declararon que habían tenido que ir a trabajar estando enfermos, no solo para no perder la prima, sino  además porque tenían un problema de conciencia dada la necesidad de que población necesitada y vulnerable accediera a los beneficios sociales.

La encuesta no se hizo solo a los trabajadores afiliados al SECASFPI, porque proponer soluciones a los problemas detectados debía beneficiar a todos los trabajadores. En la presentación ante el Rector de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, UMET, y las autoridades del sindicato, un investigador expresó que se repetía la imagen bíblica de David y Goliat. Ante un inmenso y prestigioso organismo, uno de sus sindicatos de sólo 2500 afiliados, pero muy conscientes, habían promovido y financiado una investigación innovadora en Argentina, a la altura de los sindicatos más progresistas de Europa, y que en sus conclusiones y recomendaciones no buscaba monetizar la salud, cambiarla por dinero. La negociación salarial no debía mezclarse o negociarse con el cuidado de la salud.

La reivindicación consistía en tratar de cambiar la organización y el contenido del proceso de trabajo porque esa era la principal causa de que sufrieran una fatiga física por los gestos y posturas sedentarias; que tuvieran que hacer cosas con las cuales estaban en desacuerdo provocándoles un conflicto ético; y disponían de poca autonomía para hacer un trabajo rutinario pero donde cada beneficiario era diferente. A veces debían ingeniarse formas para compensar con su astucia las deficiencias de un instructivo incompleto, llegado a destiempo o ambiguo para procesar las demandas de acceso a los nuevos beneficios. Tenían que sufrir  con frecuencia la violencia física y verbal de un público cansado de esperar, luego de hacer un largo viaje y con ansiedad debido a su situación de necesidad e indigencia. Pero fue aún más generalizado el malestar y el sufrimiento debido a que desde hacia algunos años ya no se evaluaba su desempeño; no recibían el juicio de los superiores sobre la utilidad y el valor de su trabajo; y se había desactivado la carrera profesional generando desaliento, además que muchos puestos de responsabilidad no habían sido cubierto mediante concursos. Por lo tanto, la reivindicación estaba dirigida a lograr una mejor calidad en la vida de trabajo.

La anterior situación provocaba sufrimiento porque la mayor parte de los empleados tenían un elevado nivel de educación y tenían expectativas de continuar en el organismo porque trabajar para aplicar las políticas a cargo de ANSES era, para la mayoría encuestada, una fuente de orgullo. Como dice el Profesor Christophe Dejours, el trabajo produce al mismo tiempo sufrimiento y placer, pero aquel se puede sublimar.

En dos sesiones posteriores se van a analizar en detalle y discutir ampliamente las recomendaciones que surgen de la investigación. Posteriormente, el SECASFPI espera ser recibido por las autoridades de ANSES para proponer la adopción de una política siguiendo las orientaciones de la OIT, especialmente el Convenio 155 que fue ratificado por el Congreso hace dos años. Ese sería otro desafío para este pequeño David: por esa vía tratar de lograr la implementación del artículo 14 bis de la Constitución Nacional que habla de la participación.

Lea aquí un informe de la investigación sobre los riesgos psicosociales en el trabajo en Anses